Bienvenidos a Madrelogía

Soy Diana, no soy pediatra, ni nutricionista, ni psicóloga, tampoco tengo certificaciones en crianza, pero soy MAMÁ, la mamá de una dulce niña de 21 meses llamada Amelia. Y ese título me ha dado la mínima experiencia como para escribir estas líneas y las siguientes que vendrán.

¿Por qué lo hago? Porque me he dado cuenta que aparte de las grandes y muy gratificantes experiencias que trae la maternidad, también existen la duda y la culpa. Dos enemigos muy comunes, que nacen del objetivo más noble: ¡Querer hacer las cosas bien!

Pero también influye muchísimo la desinformación o el bombardeo de información, la falta de apoyo y hasta demasiada intromisión de profesionales de salud, familiares, amigos y hasta desconocidos, gente que a veces ni siquiera tiene hijos; que comentan o te critican con buenas intenciones o no, pero te llevan a un estado de confusión constante, donde cada decisión es objeto de mucho cuestionamiento. A eso, súmenle las hormonas de una mamá que recién dio a luz, más las expectativas propias o de pareja, los posibles miedos, y estaremos navegando en un mar en tempestad. Pero bien dice el dicho: “Ningún mar en calma hizo experto al marinero”.

Cada día nos enfrentamos a diferentes tipos de mareas con nuestros hijos, pero debemos prepararnos, actuar inteligentemente y también instintivamente, a veces resistirnos a ciertas situaciones y otras dejarnos llevar y esperar que los procesos fluyan.

Y con este antecedente empiezo este blog diciéndole a todas las mamás y papás:

¡Lo están haciendo perfecto!, dentro de sus posibilidades, de acuerdo a las necesidades de sus hijos y a su dinámica familiar. No todas las teorías o prácticas son aplicables a sus circunstancias, y es por esto que no caben comparaciones entre nosotros.

Una vez que un padre comprende esto, entra en un estado de liberación, que elimina muchas frustraciones, pues se convence de que todo lo que pasa con su bebé es completamente normal y que está reaccionando de acuerdo a su propia realidad.

En este blog expondré desde mi experiencia, situaciones que he vivido desde que soy mamá de Amelia, y espero que encuentren en mis palabras, ese ánimo o fuerzas que a veces necesitamos en la crianza de nuestros hijos. Es impresionante la tranquilidad y confianza que se genera cuando uno sabe que a otro papá le pasó lo mismo que está viviendo, dejamos de sentirnos solos en ésta ardua tarea.

En la sociedad, ya existen suficientes opiniones de nuestro comportamiento como padres y cómo afecta a nuestros hijos. Por eso aquí no hay cabida para guerras donde una idea es mejor que la otra, cada quien sabe las razones por las que actúa de una forma u otra con sus hijos, y creo que nadie tiene derecho a juzgarlo.

Suficiente trabajo tenemos los padres diariamente en el cuidado y crianza de nuestros hijos, como para también desgastarnos en peleas de quién tiene la razón o de quién es mejor padre. ¡Todos lo somos! Desde el momento que nos interesamos por obtener mas información sobre un tema, desde que pedimos ayuda, desde que nos preocuparnos por satisfacer sus necesidades y verlos felices, pero la más importante, desde que los amamos, más allá de nuestras fuerzas, y a pesar de cualquier dificultad.

Y no es mejor quien sólo da leche materna o fórmula, ni los que colechan o envían a dormir sólo a su hijo a su habitación, o los que sólo dan papillas o aplican el método BLW (alimentación autoregulada por el niño), o los que se quedan cuidándos 24/7 o los que regresan a la oficina a los pocos días o meses de nacido. Ninguno es mejor que otro, no hay teorías absolutas en la paternidad, pero lo que sí es básico en este camino, es el AMOR.

Los invito a leerme y quizás sentirse identificados, y si no, por lo menos abrirse a conocer otras formas de vida, desde la perspectiva de una familia con sus particularidades, tal como las suyas.

Espero que mis palabras ayuden a dejar de apuntar con un dedo las decisiones de otros padres, y nos abracemos como una comunidad de apoyo, de aceptación y de intercambio de experiencias.

Desde hoy nace MADRELOGÍA, un espacio neutral en el que expondré la maternidad real, sin filtros, sin excusas, sin expectativas sociales ni familiares. La maternidad tal cual se vive, la que a veces duele o agobia, pero la que siempre vale la pena vivir. Porque, aunque te lleve a un cansancio extremo, también te muestra un amor infinito, sublime y un tanto inexplicable.

Siéntanse en la libertad de dejar un comentario o sugerencia y compatir este escrito. ¡Gracias!

Hasta la próxima semana🌸
DI

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Mis 365 días

El cambio de año siempre genera reflexión sobre lo vivido en esos 365 días. Tales vivencias traen una amalgama de emociones y experiencias que hacen cada día único. Éste cúmulo de días (según un calendario) conforman 1 año. Un periodo de tiempo que es posible evaluar y que nos permite reconocer aciertos, fallas y propósitos pendientes.

Para mí, este año me hizo evolucionar en casi todas las facetas de mi vida. Experimenté nuevas vivencias que revolucionaron mi mundo. Si tuviera que etiquetar este año, diría que fue “intenso”, por tantos cambios y retos inesperados.

Desde enero de 2017, supe que existía la posibilidad de trabajar medio tiempo. Esto me obligó a ponerle horarios a Amelia para organizar mejor mi día. Esto también incluía dejar de viajar tanto para que Amelia tenga estabilidad en una sola ciudad.

Por el tema de los horarios tuve que descolechar y realizar un destete nocturno. Un proceso que no sé si me costó más a mí que a Amelia. Ésto a la larga terminó en un destete total que me costó muchísimo emocionalmente y que aún luego de meses, me sigue poniendo sensible.

Luego, otro cambio. Amelia empezaría a ir a la escuelita. Empezó con media hora al día, incrementando media hora a la semana para que sea progresivo y se vaya acostumbrando. Ésta fue una de las mejores decisiones del 2017, Amelia es feliz en su escuelita, y eso a un padre le da mucha tranquilidad.

A mediados de año, como una forma de drenar tantas emociones y vivencias, lancé “Madrelogía”, un blog que me ha permitido conectarme virtual y presencialmente con personas que se sienten identificadas con mis experiencias, y con otras que quizás no, pero que les permite visualizar otras formas de vivir la maternidad y de alguna manera promover tolerancia y apoyo entre todos.

Después, otro cambio. Me reincorporé al mundo laboral luego de casi dos años de haber sido mamá 24/7. Y esta oportunidad hizo que me reencuentre y que vuelva a enamorarme de mí misma en esta faceta de ejercer mi profesión, adquirir nuevos conocimientos, aumentar mi círculo de amigos. Una experiencia enriquecedora, y de mucho crecimiento a todo nivel.

Y en fin, podría escribir un libro entero contándoles todo lo que viví y sentí este año, que a pesar de haber sido “intenso”, fue maravilloso y estoy muy agradecida por TODO, por cada sonrisa, cada lágrima, cada agobio, cada sorpresa; todo lo que me hizo sentir más humana y más yo.

Feliz 2018 para todos. ¡Que nunca falte el amor en cada momento de sus vidas!

Un abrazo,

DI🌸

Mamá: ¡Perdónate!

Perdónate si te aterraba la idea de ser madre.

Perdónate si no pudiste tenerme por parto normal.

Perdónate si no pudiste darme de lactar.

Perdónate si regresaste al trabajo a los pocos días, o si preferiste renunciar a tu profesión por un tiempo para cuidarme.

Perdónate si me dejaste viendo tv para sentir que tenías unos minutos para tí.

Perdónate si saliste a distraerte sin mí. Tienes el derecho a hacerlo.

Perdónate si te sientes cansada por todos los agobios que trae la maternidad. No eres de piedra.

Perdónate si a veces piensas más en ti que en mí. No eres egoísta por eso.

Perdónate por cada ‘error’ que cometes. Eres humana.

Perdónate por no ser perfecta. No tienes que serlo.

Perdónate. Perdónate siempre.

Dejar fluir

Los padres a veces nos exigimos demasiado. Damos todo de nosotros por nuestros hijos y nuestra familia, y aún así nos parece insuficiente. 

Vivimos cuestionando nuestras decisiones pues queremos que sean las mejores. En mi caso, me cuesta mucho lidiar con el error y peor aún si involucra a mi hija.

Sin embargo, toda esta presión que ejercemos sobre nosotros mismos a veces no nos permite dilucidar bien nuestro comportamiento. Me pasa que estoy tan agobiada por “hacer las cosas bien”, que le pongo freno a la vida y no me doy la oportunidad de disfrutarla. Me torturo analizando cada cuestión, buscando razones, opiniones de expertos, o soluciones; cuando a la final no me concentro en vivir ese momento, y reaccionar equilibradamente.

Y no se si les pasa, pero cada vez que logro dominar una fase del crecimiento de mi hija, ya pasa a la siguiente y me siento perdida otra vez. Cada etapa trae sus propios retos y debemos enfrentarlos con la mejor actitud posible. El agobio y la desesperación nunca serán los mejores aliados.

Un padre siente ese deber de guiar a un ser humano y está conciente que lo que haga o deje de hacer marcará a su hijo para toda la vida. Y esto es clave en la preocupación constante que vivimos. Y son esas ganas de ser los mejores, lo que ya nos hace excelentes padres.

Sabemos que toda acción tiene su consecuencia. Pero, a veces debemos soltarnos hacia la vida y disfrutar de esos pequeños momentos, de esos pequeños errores a los que podemos encontrarles siempre algo positivo y que sin duda serán maravillosas memorias para el futuro.

Debemos dejar que ciertas cuestiones fluyan y olvidarnos de la expectativa de querer controlarlo todo, pues eso es imposible. El control total es una utopía que solo genera frustración. Debemos aceptar el momento, con lo que venga, y esa forma de vivirlo nos permite verlo más claramente y enfrentarlo con una mejor actitud. Así se crean las mejores experiencias.

Cambiando nuestra percepción, le damos el verdadero valor a las situaciones, reaccionamos mejor y le damos un espacio en nuestras vidas que nos da la oportunidad de lidiar mejor con lo que nos cuesta aceptar, pues no conviene forzar ni rechazar, simplemente debemos vivirlo, dar nuestro mejor esfuerzo y ponerle mucho corazón a cada acción.

Y final de cuentas, todo eso que hagamos con amor, nos llenará tanto el alma, que se verá transmitido en nuestra vida, nos sentiremos tan completos y seguros, que podremos soportar cualquier ‘descuadre’.

Recordemos que nuestros hijos no necesitan padres perfectos, ellos necesitan padres felices. Y si hacemos los que nos hace felices, nuestros hijos también lo serán.

Hasta la próxima semana.

DI🌸

El llanto

Lloran y mucho.
Desde que nacen es su primera forma de comunicación, casi insoportable para nuestros oídos pues estamos diseñados para que sea imposible de ignorar.

Las razones son innumerables, a veces comprensibles, otras insignificantes para los adultos, algunas son hasta graciosas.

Lloran porque tienen hambre.
Lloran porque tienen sucio el pañal.
Lloran porque no quieren estar solos.
Lloran porque quieren que los abraces.
Lloran porque quieren hacer algo que va mas allá de sus capacidades.
Lloran porque para pedir algo específico o porque no lo obtienen en el momento o condiciones que esperan.
Lloran porque no quieren límites.

La lista es interminable.

Decimos “lloran por todo”. Sin embargo, lloran porque algunos aún no pueden hablar y es su única manera de expresarse. O porque saben que a veces es la única manera de llamar tu atención.

Nos preguntamos, ¿hasta cuándo van a llorar tanto? Y conforme crecen, los llantos vienen acompañados por gritos.

Les confieso que el llanto de mi hija me genera demasiada ansiedad. Mucho se ha dicho del cortisol que general el llanto, cuando éste ha sido descontrolado. Y este es el tema que más me ha preocupado.

Pero también debemos saber que su llanto no siempre significa que están sufriendo. Además, no podemos evitar que lloren, es cómo que nos pidieran que dejáramos de hablar, que cuándo sentimos algo no emitamos expresión alguna.

Esperamos tanto de los niños cuando a veces ni los adultos podemos controlar nuestras emociones ni reacciones.

No lo hacen porque son malcriados, reaccionan así porque son aún inmaduros (hasta cierta edad) para reconocer sus sentimientos y controlarlos.

Pienso que la inteligencia emocional debe inculcarse desde casa y con nuestro ejemplo (como todo). Dejar que sientan lo que estén sintiendo sin recriminarlos ni obligarlos a reprimir sus emociones. 

Debemos hacerles saber que estamos ahí para apoyarlos y proporcionales esa calma que necesitan (hasta que ellos aprendan que pueden ser su propia fuente de autocrontrol); pues lo menos necesita un niño cuando llora es un adulto alterado.

En fin, el llanto puede evitarse anticipándonos a sus necesidades y cubrirlas antes que se generen las rabietas. Y cuando parezca que no hay nada más que podamos hacer por ellos, saber que es una prueba más de nuestra paciencia y amor.

Hasta la próxima semana,

DI🌸

2 años con Amelia

Amelia, acabas de cumplir 2 años.

Recuerdo el terror que sentí al enterarme de tu llegada, recuerdo los cambios hormonales, físicos y emocionales.

Recuerdo el shock general que tuve durante todo el embarazo, recuerdo mi falta de apetito pero mis enormes y diarias ganas de comer dulce.

Recuerdo no saber qué comprar para ti, ni que nombre ponerte.

Recuerdo haber asistido a un curso prenatal para “prepararme” para un parto natural. Recuerdo mi obsesión por tener una lactancia exitosa.

Recuerdo los dolores de parto. Recuerdo haber esperado 18 horas para dilatar sólo 1cm. 

Recuerdo al ginecólogo sugerir una cesárea por haber pedido líquido amniótico durante 1 semana.

Recuerdo la ansiedad de decidir si suministrarme oxitocina para dilatar más o ir directo a la sala de operaciones. 

Recuerdo mi frustración al saber que no te tendría por parto normal. Pero recuerdo que sabía que lo importante era que nazcas sana y sin complicaciones.

Recuerdo la epidural que recibí agarrada de la mano de Adri, recuerdo haber temblado por la anestesia durante toda la cesárea.

Recuerdo haber visto el reloj a las 11:36pm del 10 de octubre de 2015, y ver tu cara durante unos segundos sobre ese telón verde.

Recuerdo el fugaz beso que te di al conocernos, mientras una lágrima corría en mi mejilla.

Recuerdo esas eternas dos horas separadas mientras estaba en el post-operatorio, rezando el Rosario.

Recuerdo el abrazo que te di en la habitación de la clínica, y cómo inmediatamente empezaste a lactar.

Recuerdo dormir abrazada contigo esa primera noche, así como las siguientes noches que vendrían.

Recuerdo que hace 2 años estrené mi corazón. Recuerdo que desde entonces mi vida ha estado llena de una magia especial.

Han sido 2 años de recuerdos, los más intensos, los más inexplicables, los mejores…esos que te llenan el alma y nunca se borran de tu corazón.

Amelia, gracias por todas tus dulces y pícaras sonrisas, por la luz de tu mirada, por tus profundos abrazos y cariñosos besos. 

Gracias por ser la respuesta a todas nuestras dudas, gracias por ser la razón de nuestra felicidad, gracias por darle un maravilloso propósito a nuestras vidas. 

Ser tu mamá es el mejor reto que Dios me ha dado y sin duda, la bendición más grande.

[Mas recuerdos sobre Amelia en mis siguientes posts]

Hasta la próxima semana,

DI🌸

Emigrar: mezcla de emociones

La semana pasada publiqué la entrevista que me hizo @comosermama.blog (https://comosermamablog.com/2017/09/23/entrevista-a-diana-intriago/) en la que me hizo recordar qué sentí al emigrar con mi bebé y mi esposo a Willemstad, Curacao.

Yo me enteré de la posibilidad de mudarnos desde que tenía pocos meses de embarazo, y me atraía la idea. Ya había vivido una mudanza temporal cuando me fui a Madrid para estudiar mi maestría y fue una experiencia increíble. Es un reto, aprender de otras culturas, conocer nuevas personas y sacarle el mejor provecho al lugar donde vives.

Pero no puedo comparar una mudanza temporal, con emigrar. En nuestro caso, aprovechamos esta oportunidad por cuestiones personales y profesionales; a pesar de tener trabajos estables y una buena vida en Ecuador, vivir es una isla del Caribe nunca suena mal.

Mudarme me ha traído emociones mezcladas, me ha ayudado a consolidar mi nueva familia y a tomar mis propias decisiones, un poco lejos de opiniones y comentarios muy comunes en mi país de origen. Definitivamente, sientes más libertad en la línea de crianza que quieres seguir, y sientes una unión familiar mucho más profunda, pues estas sólo con tu esposo(a) e hijo (os).

Además, emigrar implica muchas veces que tienes que hacerlo todo tú, no tienes la ayuda que tienes en tu país, donde siempre hay más manos para algún quehacer doméstico, o para cuidar a tu bebé si necesitas salir. Pero es meritorio que hagas todo ese trabajo sola, o con mucha menos ayuda que la que reciben otras personas. Y eso te hace sentir muy orgullosa de tu esfuerzo y entrega, algo que haces con todo tu amor para tu familia.

Por otro lado, es innegable que lo que más te cuesta es estar lejos de tu familia y amigos, con quienes compartes a través de pantallas; conoces sus novedades por los mensajes que intercambias o por lo que publican en redes sociales, lo cual nunca se va a igualar a una interacción en persona.

Te pierdes eventos importantes que te dan ganas de poder teletransportarte. Te hacen tanta falta esos abrazos de celebración en los momentos felices, o los abrazos de apoyo en los momentos difíciles. Y así también les haces falta tú a tus seres queridos que se quedaron en tu país, y eso da mucha nostalgia. Y más nostalgia cuando parte de esas vivencias son las de tu hijo (a) que crece lejos de ellos.

Te pierdes sus cumpleaños, matrimonios, nacimientos o fallecimientos, los vives desde lejos. Este fin de semana me pasó, me perdí presenciar el nacimiento de una bebé muy especial para mí, la hermanita de mi ahijado Adriano, la nueva integrante de mi familia de la vida, Almudena Marina Leone Iturralde, pero cuando hay amor, no hay distancia demasiado grande.

Emigrar es algo complejo. Mientras quieres aprovechar las nuevas vivencias, extrañas demasiadas cosas. Es como que tuvieras una vida paralela, no alcanzas a enterarte todo lo que pasa en tu país, ni tampoco a compartir todo lo que estas viviendo en el nuevo lugar. Y si has vivido en varios países, sientes que parte de tu corazón se queda en esos lugares.

Pero definitivamente, emigrar es algo sumamente enriquecedor, que te permite abrir tu mente, acumular momentos nuevos y emocionantes, agrandar tu red de amigos, incrementar tu experiencia profesional, y en fin, vivir y formar los mejores recuerdos posibles.

Hasta la próxima semana,

DI🌸